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Día De Muertos en Guerrero

Diablos de la Costa Chica

Por Cristina Sierra

Ya se van los diablos
y con mucho frío
porque ya bailaron
a la orilla del río.

Día de Muertos en Costa Chica, es tiempo de festejo, de danzar, de divertirse y andar por las calles con los Diablos que salen del infierno para armar una bacanal con los mortales.

Acompañados de la charrasca y el cencerro, desde el 31 de octubre, los diablos personifican a los muertos y salen a visitar a los vivos para comer las ofrendas que se les dedican, como el dulce de calabaza o papaya, pan de yema, frutas, tamales y lo que más les gusta, el aguardiente.

El éxtasis rítmico en el baile de los diablos se hace en dos filas y su vestuario se compone de ropajes oscuros y máscaras elaboradas de carnaza, cuernos de venado y crines de caballo o algo que se le parezca.

La danza la componen el Diablo Mayor, Tenango, Pancho o jefe, y su mujer, La Minga, madre de los diablos y personaje asiduo en otras danzas regionales.

La relevancia de esta danza en la festividad de Día de Muertos en Guerrero, se explica como un ritual de adoración al Dios Ruja, deidad que los esclavos adoraban y al que pedían ayuda para liberarse de las duras condiciones de trabajo a las que eran sometidos por los dueños de las fincas a su llegada a México desde la antigua África.

Existen otras versiones sobre esta danza. Una de ellas habla de la antigua África, donde un grupo de negros trata de esquivar su captura convirtiéndose en caballos; al subirlos a un barco hacia América, naufragan en las Costas de México, y así nace la Danza tradicional de Diablos.

Esta tradición ancestral es propia de comunidades de los pueblos negros de la Costa Chica como Cuajinicuilapa, El Quizá y Cerro de Tablas; y también de Oaxaca, como Lo de Soto, San Francisco del Maguey y Tapextla, donde se considera uno de los rasgos más importantes de la identidad de origen africano de sus habitantes.

 

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